“La suba de tasas es un duro golpe para el financiamiento de las PyMES” — Diputados Socialistas

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01/06/2018
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“La suba de tasas es un duro golpe para el financiamiento de las PyMES”

La gestión Cambiemos privilegia a los sectores financieros y pone en serios aprietos a los sectores productivos. En un contexto de caída de consumo, subas desproporcionadas de los servicios públicos y de las importaciones, la suba de tasas establecida por el gobierno nacional no hace más que poner el riesgo a la economía real, de donde finalmente se financia el endeudamiento. Es una política autodestructiva, y letal para los trabajadores y las pymes.

La economía real históricamente ha sido y es el motor productivo de la República Argentina, desde sus orígenes. Como contrapartida, sectores políticos ligados a los intereses de la especulación financiera, socavan esas bases poniendo en riesgo la generación de trabajo y riquezas.

Asistimos en estos días a un gobierno cuyos principales funcionarios tienen un vínculo estrecho con los sectores financieros. El Ministro de Finanzas Luis Caputo y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, son dos claros ejemplos en ese sentido.

El primero de ellos, ha desarrollado una estrategia de endeudamiento que se ha puesto en crisis por las debilidades estructurales de Argentina, cuyo patrón productivo muestra signos de endeblez a partir del déficit de cuenta corriente de 5 puntos del Producto Bruto. El titular del BCRA, por su parte, completa el círculo pro financiero del gobierno, imponiendo en los últimos días tasas de interés del 40% para seducir a los inversores y continuar así el ciclo de la tristemente célebre “bicicleta financiera”.

Pero detrás de los sectores beneficiarios de estas políticas, centralmente bancos y especuladores, la mayor parte de los argentinos, trabajadores, empresas de capital nacional, pymes y productores de diversas áreas de la economía real, están sufriendo los coletazos de una visión neoliberal cortoplacista.

La mayor parte de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES), utiliza como medios de pago los cheques. Si se tiene en cuenta que por los rigurosos requisitos del sistema financiero formal, esas empresas terminan canjeando esos cheques en el sistema informal, hoy la suba de tasas impuesta por el BCRA implica en los hechos que las pymes paguen tasas de financiamiento de entre 50 y 100 por ciento anual. Ni en los mejores escenarios de rentabilidad una firma productiva podría sostener ese nivel de intereses.

Una bicicleta que nos estrellará contra la pared

No es la primera vez que un ciclo de endeudamiento se desarrolla en el país. En distintas etapas de la historia, los ciclos de apertura neoliberal se han montado en la recesión heredada para justificar la apertura económica, prometiendo que la entrada de capitales estimulada por la alta renta financiera garantizada el Estado, se traduciría en inversión “que fomentaría el crecimiento económico”.

Al inicio de estas políticas, la entrada de capitales ha sido mayor que el déficit de cuenta corriente y así se acumulan reservas. Pero con el tiempo crece el déficit de la balanza comercial y más tarde el de la cuenta corriente. En ese marco el desmesurado endeudamiento busca justificarse en el déficit fiscal heredado, aunque en realidad ayuda a empujar a la economía y ganar elecciones. Es una receta populista, en su versión neoliberal. El problema es que en algún momento, la ficción y el catecismo dan paso a la realidad, y entonces los operadores financieros empiezan a irse porque observan que las inconsistencias acumuladas son demasiadas.

Ante esta situación, que ahora atraviesa Argentina, el Gobierno Cambiemos devalúa la moneda nacional e intenta recortar el déficit público, dando paso a una etapa recesiva que se amplifica aún más por el incremento del riesgo país y la tasa de interés. El final, como lo ha demostrado la praxis neoliberal a través de distintos gobiernos, vendrá más temprano que tarde, cuando finalmente se profundice la crisis financiera y del mercado de cambios, con caída de reservas del Banco Central.

El gobierno nacional, con un enfoque equivocado, cree que el país resolverá sus males con políticas fiscales de ajustes, en consonancia con el credo de un FMI que con las mismas recetas no has hecho estrellarnos como país en otros momentos, como si ese fuera el problema central. Pero no: el problema es la estructura, un patrón productivo que hoy se muestra ineficiente a la hora de generar divisas genuinas. Ese fenómeno ayuda a explicar también uno de los grandes males argentinos, la inflación. Cada vez que apareció la restricción externa de dólares, todos los actores de la economía, al entrar en un escenario de incertidumbre, desatan las corridas de precios tratando de dolarizar sus rentas.

Al abandonar este análisis, la necesidad de modificar y modernizar la estructura productiva, el macrismo cae en repetidos errores. Lo que estamos viviendo hoy, es una sucesión de políticas que no hacen más que poner en jaque a la economía real, a nuestras pymes de capital nacional, que son, vaya paradoja, el sector que mayor empleo genera en el país, uno de los más desarrollados en nuestra querida provincia de Santa Fe.

La paradoja mayor, a fin de cuentas, es que las deudas financieras se pagan con el fruto de la economía real. Y como ningún sector productivo puede tolerar tasas que oscilan entre el 40% y el 100% de interés, tarde o temprano, esas deudas financieras no tendrán como solventarse.

Entonces, lo que debe imponerse es una revisión de estas políticas neoliberales, para volver a encauzar el país. No es un “Gran Acuerdo Nacional Nacional para el Ajuste”, como pide el gobierno Cambiemos a la oposición, el camino a seguir. Los consensos deben girar sobre la idea de una nación que crezca, de la mano de la economía real, de sus trabajadores. Ese es el desafío en esta hora.

En síntesis.
-De acuerdo con el Indec, hasta el tercer trimestre del año se contabilizaban 5147 empresas menos. Desde Apyme aseguran en un comunicado que en los últimos dos años y medio cerraron alrededor de 7500 pequeñas y medianas empresas.

– De las 853 mil pymes que existen, el 85 por ciento tiene menos de cinco empleados. Esto quiere decir que, por lo pequeñas, no tienen acceso al mercado de capitales y deben pagar intereses usurarios, que llegan al 100% anual.

– Menos demanda y más costos, no sólo financieros. Un informe realizado por la Confederación General Empresaria de la República Argentina afirma que las pymes necesitaron vender hasta 14 veces más en los últimos tres años para cubrir el costo de la energía.