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13/09/2018
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Tener las tasas más altas del mundo implica destruir el tejido productivo

La decisión del gobierno nacional de impulsar una tasa de interés desmesurada, sostenida por el Banco Central de la República Argentina, despierta cada vez más críticas. En otra muestra de irracionalidad, el gobierno nacional nos arrastró a la cúspide mundial en cuanto a tasas de interés, desentendiéndose de las graves consecuencias que eso tiene en nuestras empresas.

Días pasados, durante la celebración del Día de la Industria, el titular de la entidad fabril en Santa Fe, Javier Martín, expresó que actualmente estamos asistiendo “a un lento exterminio industrial”. Los allí presentes no nos sorprendimos, ya que la grave crisis de los sectores mano de obra intensivos –recordemos que el 70% del PBI en Argentina está relacionado a las PyMES- no es una novedad en la Argentina actual.

El gobierno nacional, con sus costosos errores de gestión, sus anteojeras ideológicas expresadas en una política dirigida a beneficiar a un reducido número de actores -especialmente bancos y sector extractivista-, y sus maniobras que rozan el dolo aprovechando los resortes del Estado, está ocasionando una crisis que amenaza con extenderse en el tiempo, afectando a vastos sectores de la población, y a la industria nacional, que enfrenta lo que muchos denominaron “tormenta perfecta”: caída abrupta del consumo, aumento desmesurado de los costos, especialmente energía y servicios, alta inflación, una apertura irresponsable a las importaciones, y tasas de interés en un nivel jamás visto en la historia del país.

Precisamente éstas últimas, las tasas de interés, constituyen uno de los principales problemas de la actividad, porque inducen a los actores a dejar de lado la economía real y trasladar sus inversiones al ámbito de las finanzas. Además, no puede soslayarse que los cheques son medios habituales de pago para las pymes industriales, y las elevadísimas tasas de interés fijadas por el BCRA llevan a los empresarios a abonar tasas de hasta el 120% de interés anual, al canjear sus cheques a término por efectivo, para poder hacer girar la rueda de la actividad diaria. Para la mayoría de los argentinos que dependen del crédito para poder trabajar, este nivel de tasas es una verdadera calamidad.

En ningún país del mundo…

El fracaso de la gestión económica del gobierno Cambiemos tiene múltiples explicaciones, pero sin dudas su apego a las finanzas y la especulación financiera, relegando el trabajo y la economía real, es una de las causas centrales. En esa lógica se inscribe la decisión de fijar las tasas de interés más altas del mundo, hecho que provoca asombro y desconcierto en el extranjero, especialmente analistas, académicos y economistas independientes.

Inglaterra, país que es un emblema de las políticas y la cultura financiera, tiene fijada una tasa de interés del 0,75% anual. Pero no se trata de una anomalía internacional: la tasa de Estados Unidos es del 2%, Eurozona 0%, Japón -0,1%, Suiza -0,75%, Canadá, al igual que Australia 1,5%, Nueva Zelanda 1,75%. Por su parte, nuestros vecinos como Chile (2,5%), Colombia (4,25%), Brasil (6,5%), o México (7,75%) también se apartan claramente de las tasas argentinas.

Para decirlo de otro modo: la tasa de interés fijada por el BCRA a cargo de Luis Caputo supone casi 10 veces más que la del principal socio comercial del país, Brasil, y triplica a la de países como Haití y Venezuela. Un verdadero descalabro, que explica una de las razones centrales de lo que los industriales locales definieron como “exterminio industrial”.

Urge cambiar este modelo

La visión neoliberal actual, que postula que el principal problema de la economía es el combate de la inflación y sólo es posible contrayendo el circulante, está fracasando nuevamente, como tantas veces en la historia del país. El aumento de los precios tiene múltiples causas, pero sin abordar un equilibrio macroeconómico de la cuenta corriente, traducido en lo que muchos economistas denominan “restricción externa” por falta de generación de divisas genuinas frente a la demanda actual, es imposible domar la inflación, por más elevadas que sean las tasas de interés. Aún en un contexto de caída de consumo, los precios siguen elevándose, como comprobamos día a día los argentinos.

Frente a este cuadro grave, el gobierno intenta evadir sus responsabilidades económicas induciendo a debates fugaces, estériles, que no aportan ningún tipo de solución, ahondando la crisis. Es hora de dejar la famosa “grieta” de lado, un esquema que ha sido redituable para las opciones políticas como el kirchnerismo y el macrismo, pero inútil para el país.

Desde Santa Fe, desde el gobierno del Frente Progresista, apostamos a superar esta dinámica del fracaso, con una gestión que muestra su compromiso con el desarrollo y la inclusión de manera palpable. Apostando a nuestras fuerzas productivas, al trabajo, a nuestros mejores valores, a un estado que garantice derechos, Argentina debe volver a ser un país que nos llene de orgullo. Ese es nuestro horizonte, nuestra utopía permanente.