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10/05/2018
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Vuelta al FMI: crónica de un final anunciado

El retorno del país al FMI, prestamista de última instancia tras la huida de los especuladores internacionales que ya no están dispuestos a seguir financiando al gobierno macrista, no hace más que poner de manifiesto lo que expresamos desde un primer momento desde el Frente Progresista, la inviabilidad de un modelo económico que empeoró la situación del país desde el minuto cero de su entrada en vigencia.

A poco de asumir su mandato, Mauricio Macri abandonó la retórica de campaña en la que además de jurar y perjurar la eliminación del impuesto a las ganancias para los asalariados, abogaba por la aplicación de un modelo económico desarrollista, amparándose quizás en la figura de una sus espadas políticas, nieto de uno de los fundadores del partido que desde los años 50’ comandó Arturo Frondizi.

La realidad demostró que Cambiemos es una coalición política que apostó desde el ingreso de Mauricio Macri a la presidencia a la especulación financiera y la primarización de la economía, como ejes vertebradores de la política económica oficial. Contra toda la experiencia histórica que da cuenta del fracaso de estas recetas.

Lo señalamos desde aquellos días: el llamado “plan” del actual gobierno nacional estaba destinado a colapsar, por la inviabilidad de sus postulados. El predominio de una bicicleta financiera en la que los especuladores internacionales entregaban sus dólares al país a cambio de pesos, para luego adquirir letras del tesoro a tasas usurarias que ni el Mercader de Venecia imaginaría en el mundo contemporáneo, era un castillo de naipes que los vientos de la realidad están derrumbando, para poner en jaque todo el esquema ideado desde el oficialismo. Pero sobre todo a los sectores marginados, trabajadores, y pymes argentinas, los principales perdedores de este siniestro engranaje de poder.

Mauricio Macri, ensoberbecido, imaginó que su sola presencia en Casa Rosada permitiría un generoso ingreso de inversiones extranjeras. Pasó el primer semestre, segundo, tercero, cuarto… y la ensoñación nunca se tornó real. Lo único que ha ingresado al país es el capital especulativo, al compás del arreglo con los “Fondos Buitres” y desregulaciones financieras temerarias por parte del Estado. El masivo retiro de estos capitales se hace patente en estos días, dando lugar a una crisis de proporciones que pone en jaque la gobernabilidad.

El ajuste gradual, al compás de la valorización financiera, deja vu de los planes de Martínez de Hoz y Cavallo, han generado una sensible disminución de la calidad de vida de nuestro pueblo en estos dos años de gestión Cambiemos. Mientras, el gobierno potenció todos los problemas estructurales del país, con medidas como la liberación de la cuenta capital, el libre ingreso y egreso de divisas, las importaciones indiscriminadas, la posibilidad de que los exportadores retengan sus divisas en el exterior, la sensible disminución de retenciones agrarias. Medidas que multiplicaron la sangría de dólares en un país que históricamente ha sufrido la restricción externa por esa carencia, potenciando además el déficit fiscal por pérdida de recursos impositivos o aduaneros.

Sólo basta recordar que Argentina padecía hacia fines de 2015 un déficit de divisas de 6 puntos del PBI. En poco más de dos años, Cambiemos lo ha llevado a diez puntos, aumentando en un 50% el endeudamiento del país, sin que ello se haya traducido en inversiones reales o una polea para la actividad productiva. Todo lo contrario: la fuga de capitales es casi paralela a ese nivel de endeudamiento externo.

Nos preocupa sobremanera que el gobierno no admita su mala praxis. Este retorno del país al Fondo Monetario Internacional, organismo cuyas recetas significaron durante décadas para nuestra nación el agravamiento de las crisis sociales y económicas, pone de manifiesto la complejidad de la situación actual.

En vez de convocar a actores sociales, políticos, gremiales, empresarios, de distintas expresiones, el gobierno persiste en encerrarse en un espiral peligroso, donde la incongruencia se manifiesta día a día con funcionarios como Federico Sturzenegger o Juan José Aranguren, quienes no se sonrojan al pasar de un día para el otro de una praxis liberal -libre flotación del dólar y de los precios de las naftas-, a la regulación estatal con subas de encajes para depósitos en dólares o fijación por dos meses un tope al precio de los combustibles, medida anunciada en estos días. La soberbia y la incompetencia que ponen de manifiesto estos experimentos con resultados desastrosos, están llevando al país a una situación de mucho riesgo.

Como sostenemos desde Partido Socialista, considero que el gobierno Cambiemos debe rectificar sus políticas neoliberales, que sólo pueden provocar resultados desastrosos desde el punto de vista social y productivo. El camino del ajuste que impulsarán las recetas del FMI sólo ahondará la crisis del país: urge el camino del diálogo, del consenso de políticas, del abandono de políticas que nos llevan a un final anunciado, como en las peores páginas de la historia.

Construir una Argentina donde el trabajo, la educación, la cultura, la salud, sean los ejes vertebradores de una nación próspera y justa, es una tarea ineludible de todos.